martes, febrero 16, 2010

Adaptando la vida al papel



Una de los recursos más poderosos que tenemos a la hora de inventar una historia, crear una ilustración, o, en cualquier caso, de dar más verosimilitud a un relato, es nuestra amiga la documentación.



Siempre, cuando queramos hablar sobre un tema específico, nuestro discurso será más verosímil y certero si tenemos un conocimiento de base sobre la cuestión que tratemos, y es aquí donde viene en nuestra ayuda el documentarnos sobre el tema. Saber cómo funciona una fábrica (por ejemplo) puede ser la diferencia entre crear una escena llena de inexactitudes o servirnos de la realidad y del ambiente para crear acontecimientos que quizá pasaríamos por alto de no tener idea alguna del tema y crear de la nada.




En algunos casos, nuestra documentación inicial será nuestra propia experiencia, a través de la cual podemos hilvanar una historia, un relato que ilustre una idea, pero que utilice como base algo real.





En cualquier caso, conviene apoyarse en la realidad para poder dotar de mayor coherencia a nuestras creaciones, por fantásticas que sean. El saber cómo son las cosas en realidad hará que nuestros constructos tengan un mayor grado de verosimilitud, y por tanto, contribuyan mejor a que se dé la suspensión de la incredulidad necesaria para cualquier historia.

El peligro, sin embargo, es ser esclavo de la documentación, y seguirla al pie de la letra, punto por punto. Nuestra labor como artistas es aplicar una transformación a la realidad, sin dejar de basarnos en ella, para crear algo nuevo y... mágico. Reinventar la realidad, aprovecharse de ella, para crear mundos ficticios creíbles y factibles. No es tarea pequeña y la seducción del hiperrealismo es muy tentadora, y fácil de seguir. Aunque si esa es nuestra intención desde un principio, también nos vale...



Decía una profesora mía que la actividad de documentarse es también parte del trabajo de crear. No podría estar más de acuerdo. Y es una más de las habilidades que se desarrollan a la hora de narrar o crear. Saber localizar la foto necesaria, saber bucear entre toneladas de libros para dar con el correcto... es también un aprendizaje por el que el narrador ha de pasar.

De los tipos de documentación, la mejor, sin duda alguna, es la experiencia de primera mano de la realidad, seguida por las fotos, o la documentación objetiva sobre el tema, y por último, dibujos o interpretaciones subjetivas del mismo. Pero lo dicho, cada cual ha de apañarse con lo que tenga, y una documentación subjetiva es mejor que ninguna en absoluto.

Así que ya sabéis, ¡a documentarse!