jueves, enero 14, 2010

Coherencia en el relato

La coherencia es esa dama esquiva... realmente se trata del pegamento que mantiene unida toda la estructura del relato, o al menos, uno de esos nexos de unión. La coherencia es algo básico y fundamental para que la suspensión de la credulidad pueda darse, y así, que el receptor se quede dentro del relato. Otros recursos, como el dinamismo y la espectacularidad pueden ser de ayuda para mantener el interés del espectador o del lector, pero la coherencia funciona a un nivel más profundo, mientras que aquellos lo hacen a un nivel más superficial.

Ser coherente significa que dentro del relato todo ocurre por un motivo, que todo tiene una razón de ser, y que todo tiene sentido, sin que los hechos se contradigan. Es decir, si el gran señor de Kortum está muerto en una escena, que salga vivo y coleando en la siguiente como si nada es un duro ataque a nuestra coherencia, a la verosimilitud del relato, a menos que haya una razón para ello.

Que estos motivos existan en el relato tampoco significa que el autor haya de explicar con pelos y señales cada uno de ellos, es bueno dejar partes sin explicar, mientras podamos insinuarlas, es suficiente. Y a veces ni eso. Por ejemplo, en "Los pájaros" de Hitchcock nunca se da una explicación a los ataques de los pájaros... uno puede preguntarse por qué ocurren, pero la razón del ataque no es importante para la trama, lo importante es que los pájaros se vuelven contra la humanidad de esa pequeña población y son un peligro a evitar. ¿Qué motivo hay detrás del salvajismo ornitológico? Pues, a falta de una explicación en la propia historia, el motivo es que es un motor dramático, y eso es suficiente para lo que la historia pretende contarnos. ¿Es coherente? Desde luego, no hay ninguna contradicción entre ese motivo y lo que nos cuenta la historia.

Hay una tendencia en el cine actual, y en muchos otros medios, a explicarlo todo, a no dejar cabos sueltos. Esto, según la historia, puede ser bueno o malo. Un exceso de explicaciones puede llevar a una pérdida de coherencia con bastante facilidad. Al manejar más datos, es más probable crear datos contradictorios. De ahí que la simplicidad y la explicación parcial puedan ser aliadas de la coherencia.

Además, esa explicación parcial puede ayudarnos cuando el relato trata con Temas Que El Hombre No Debería Conocer: dioses primigenios, terrores atávicos, o misterios que están más allá de la comprensión. Dejando ver lo poco que podemos comprender, podemos hacer que la coherencia no se resienta e instilar cierto temor reverencial ante esas cosas inexplicables que existen (o no) en el universo. De hecho, los pájaros de Hitchcock no serían menos letales si sus ataques se debieran a las emanaciones de gas que surgían de la costa, pero es un dato que no ayudaría para nada a los personajes que se hallan encerrados en la casa al final de la película, y, por tanto, superfluo para la historia.

Es, por tanto, la obligación del autor dotar a su relato de esa coherencia interna, que haga que los acontecimientos sean verosímiles, pero no lo es ya tanto explicar absolutamente todo lo que ocurre. Algunas historias funcionan mejor cuando somos nosotros los que imaginamos el por qué de los cabos sueltos (que no es los mismo que los agujeros del guion). Interrogantes, los que hagan falta. Contradicciones, ni una.